¿Los zombies existen?

¿Te cuento algo? Yo sí creo que existen, de hecho hasta hace poco yo era una zombie, y vaya zombie. El sentirse muerto en vida es una de las mejores cosas que te puede pasar, sí como leíste de las mejores cosas que te puede pasar. ¿Por qué? Porque es una de las mejores formas de saber que algo no anda bien contigo, y que tu vida es un desastre total.

Yo sentía una tristeza muy fuerte porque no sabía lo que deseaba, para qué estaba en la tierra, lo externo me afectaba demasiado y no tenía una plenitud, y por más que lograba cosas, me sentía completamente vacía. Trataba de cumplir siempre las expectativas de los demás, y me esforzaba mucho por siempre tener una palabra de aliento para quien me buscara, sin yo saber qué hacer con mi vida. En resumen trataba de ser perfecta. En este texto te escribo lo que para mí es un zombie, y cómo se comporta, lo cuento desde mi experiencia. Probablemente a ti no te ha pasado nada de esto, pero igual agradezco tu tiempo en leer estas lineas.

Bien, muchas veces el decir “yo sí me amo” nos cuesta trabajo, decirnos cosas lindas, y tal vez procuremos nuestro cuerpo, hacemos ejercicio, le demos la mejor alimentación, nos arreglemos, vamos a cursos y seminarios pero aún así, después hay días en los que sentimos que nada tiene sentido, y para qué hacerlo. O sentimos un miedo inmenso si no lo hacemos. Queremos ir contra de todo, actuamos desde el orgullo. Y curiosamente cuando alguien nos dice que nos ama, o nos dan un halago, dudamos.

Otras veces, queremos que todos nos entiendan. Si tuvimos un mal día o estamos pasando por una situación “no favorable” creemos que todos deben entender nuestra situación o peor aún vivirla con nosotros. Nos sentimos con la necesidad de insertarles esta obligación a los demás. Nos enojamos si no nos entienden, si no se ponen en nuestros zapatos.  Nos molesta que no actúen como nosotros queremos. Pero no nos enteramos que ellos, los demás, también puedan estar pasando por algo, tiene su propia información,  piensan diferente y que en realidad somos un nosotros.

Solemos dejarnos al último, dejando todo lo que nos importa para otro momento, decimos sí cuando queremos decir no, tratamos de complacer a todos por miedo al rechazo, ponemos nuestra felicidad en algo o en alguien, queremos evitar conflictos a toda costa, con tal de que se nos haga la vida más fácil, y en realidad nos hacemos una bola de nieve, que al final termina por explotar, y lastimar. Creemos que eso es el amor, y ¡sí el amor es dar! Pero no esperanzados a recibir una satisfacción externa.

Muchas veces no tenemos la garantía, y eso nos hace sentir temor, creemos que ese miedo que estamos sintiendo es la vida misma cuando en realidad no es así. Nos volvemos esclavos de nuestra “realidad” inventada. Y tomamos eso que esta en nuestra cabeza como algo cierto, algo que es un hecho, le hacemos caso a las voces externas. Y entonces empezamos a caer en una muerte en vida. Dejamos de creer y sobre todo de amar.

Sentimos que el mundo va muy aprisa, que todo pasa muy rápido, que no podremos cumplir las expectativas de lo que la sociedad tiene de nosotros, vamos en competencia constante, y dejamos de confiar en nuestra propia expectativa que tenemos de nosotros mismos, forzamos todo de tal manera que encajen con la de esa sociedad aunque dentro de nosotros algo nos dice que no debe ser así.

Pensamos que nuestros talentos y dones se forman con lo que nos enseñan en algún sistema educativo, cuando en realidad solo se desarrollan. Pues, en realidad ya tenemos todo lo que necesitamos para vivir, compartir y no para hacernos chiquitos.

Somos piezas 100% completas, y si estamos vivos tenemos el deber de SER, hacer, y tener.

Dejamos que la vida pase, o mejor dicho nos pase, y si vemos que alguien lo está logrando, la está haciendo recurrimos a la crítica, a juzgar, a la desestimación, y es normal porque si nosotros no creemos en nosotros mismos, cómo esperamos creer en los demás. Nos llama mucho las apariencias, se nos olvida que somos más de lo que estamos viendo, y que los demás también lo son. Caemos en juicio innecesarios, en prejuicios, que son resultado de nuestros programas. No vemos con los ojos del corazón, los del amor.

Pero, hay algo que nos mantiene vivos, y nos ha llevado por caminos que tal vez desde nuestro yo “proteccionista” no hubiéramos tomado esa decisión, te haya hecho sentir bien o no. Nunca te has preguntado, en algún lugar o en alguna situación ¿cómo es que llegué aquí?, ¿qué hago aquí? , ¿por qué me apunte a esta clase?, ¿por qué leí este libro?, ¿por qué vi este video? o un simple ¿por qué me paso esto a mí? Sabes, todas las respuesta son simplemente para que despiertes para que te quites esa venda, esa que te mantiene como un zombie, claro, si es que lo eres.

Porque siempre está esa parte de nosotros que está conectada directamente con el creador de todo, que nos quiere salvar y rescatar , pero a veces somos tan sordos que nos la escuchamos, pero como es tan noble nos deja experimentar, pues sabe que al final regresaremos a nuestro centro, a nuestra fuente, en donde el amor reina, y no existe ninguna otra circunstancia.

Y después de esto solo nos queda tomar responsabilidad de las situaciones, darnos cuenta que lo que hicimos en ese momento solo era parte de una etapa evolutiva. No culparnos y perdonarnos.

Te pregunto ahora… ¿Tú crees que los zombies existen?

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